Elogio del libro de papel reflexiona sobre la función de los formatos en la transmisión de los textos. Las palabras posadas en las diversas superficies -libro, revista, periódico, grafitis, publicidad...- reciben de estos formatos un valor que no es despreciable. La igualación de todos los formatos en internet debe contrapesarse con el mantenimiento de las formas reales. La ciencia pertenece a los libros. Leer es ascender al monte de la abstracción desde el valle de la imagen.
Imagen: Vladimir Pustovit, CC

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viernes, 21 de marzo de 2014

Estudiantes confundidos y dispersos que inventan lo que leen

En mis clases en la universidad compruebo que los estudiantes tienen dificultades para distinguir entre tipos de textos. En el mundo real los textos poseen un formato que ayuda a diferenciarlos: libros, periódicos, revistas, papeles anónimos, publicidad, grafitis, etc. Pero internet sitúa todo a un mismo nivel, haciendo más difícil distinguir una cosa de otra. En el ámbito escolar, en cualquiera de sus niveles, es importante distinguir los diversos tipos de textos, pues la escuela trabaja para separar la leyenda urbana de la ciencia. ¿En las escuelas debe haber internet? Sí. Pero también los niños y adolescentes deben estar rodeados de textos en sus formatos originales. El libro de papel debe ser el protagonista de las escuelas, de los institutos, de las universidades. Lo digital iguala lo desigual; el libro especifica lo diverso.

En la universidad se ve a los estudiantes divertidos, es decir, vueltos a un lado y a otro, dispersos, distraídos. Poseen un superavit de imágenes y un déficit de letra impresa. Internet es el ámbito de la diversión; el libro es el ámbito de la concentración. La ciencia precisa concentración. Sin concentración no hay ciencia, sin libro no hay ciencia. La concentración de los libros debe compaginarse con la distensión y diversión de las imágenes. Pero si todo es diversión y distensión, no hay conocimiento ni aprendizaje. Sin el esfuerzo de la lectura no hay ciencia. Leer es ascender al monte de la abstracción desde el valle de la imagen.

Los alumnos están más acostumbrados a leerse a ellos mismos que los textos, es decir, decodifican las palabras, pero no entienden bien su significado. Les falta hábito lector, hábito de buscar en el diccionario lo que no entienden, poseen poco léxico. Están saturados de imágenes en movimiento. Por eso en clase miran de un lado a otro y cuchichean. Leen pocos libros, navegan mucho por internet. El principal objetivo de la educación, en culquier nivel, es aprender a leer. No puede haber una democracia real si los ciudadanos viven ensimismados, si son incapaces de leer a los otros y al mundo. No es la mónada de Leibniz el ideal de la sociedad democrática, sino el ser social aristotélico, el ser dialógico platónico.



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