Elogio del libro de papel reflexiona sobre la función de los formatos en la transmisión de los textos. Las palabras posadas en las diversas superficies -libro, revista, periódico, grafitis, publicidad...- reciben de estos formatos un valor que no es despreciable. La igualación de todos los formatos en internet debe contrapesarse con el mantenimiento de las formas reales. La ciencia pertenece a los libros. Leer es ascender al monte de la abstracción desde el valle de la imagen.
Imagen: Vladimir Pustovit, CC

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lunes, 16 de febrero de 2015

Un baluarte frente al colonialismo digital

 



La lectura está amenazada; nos la roban». El grito de alerta que lanza el filósofo Roberto Casati en Elogio del papel (Ariel) parece sumarse al coro de apocalípticos y agoreros que anuncian la inminente extinción del libro. Este alegato «contra el colonialismo digital» es, sin embargo, algo más que otra opinión alarmista y llorona ante lo que parece inevitable: se trata de una argumentación sobre lo que hace del libro un instrumento de conocimiento insustituible y de buscar la convivencia con los nuevos soportes que se difunden de manera arrolladora. Casati „especialista en filosofía de la percepción y director de investigación en el CNRS, el equivalente francés a nuestro Consejo Superior de Investigaciones Científicas„ insiste de continuo en que no es un ludita y que las tecnologías que otros ven como el enemigo abominable forman parte imprescindible de su actividad diaria. Por eso su libro se orienta a «demostrar cómo es posible adaptarse a ese nuevo entorno y cuándo, por el contrario, hay que intentar oponerse y por qué medios».

El autor de Elogio del papel sostiene que, pese a las aparentes ventajas que los nuevos soportes tienen para el lector, «el entorno digital se ha vuelto hostil para la lectura de libros». Este proceso se ha acelerado con la irrupción de las tabletas. «El iPad nace como el último apéndice seductor de un inmenso sistema de distribución de contenidos». Hasta su llegada «los ordenadores eran principalmente, por no decir exclusivamente, herramientas de producción intelectual. Ahora bien, por primera vez, hemos visto surgir un ordenador que es básicamente una herramienta de consumo intelectual». En ese soporte, el libro se transforma «en una aplicación entre infinidad de otras al alcance de la mano, muchas de las cuales son absolutamente fabulosas y muy seductoras». Esa equiparación con otros formatos abre vías de fuga al usuario que afectan al elemento principal de la lectura: la atención, «nuestro principal recurso intelectual». En eso consiste la amenaza.
En la preservación del entorno que requiere el libro la escuela juega un papel crucial como «espacio protegido para la lectura». «La escuela enseña a leer, pero debe enseñar igualmente a leer en profundidad», sentencia este libro, que resulta de gran interés para un ámbito educativo acosado por las novedades tecnológicas.
La escuela debe transformarse, para el autor de Elogio del papel, en un baluarte contra esa nueva ideología que es el ´colonialismo digital´, la pretensión de mediatizar con cachivaches toda actividad humana. Ese empeño entraña peligros incluso para la democracia. «El voto por internet presenta riesgos inevitables de control social y de manipulación, y debería prohibirse sine die en las instituciones democráticas», advierte Casati.
Uno de los pilares de esa ideología colonizadora es el ´mito del nativo digital´, tesis de apariencia inofensiva que sostiene que asistimos al surgir de una forma de inteligencia adaptada a los nuevos medios. «No hay en ello nada de específico: se trata de una capacidad general, más o menos adaptable en el entorno de la pantalla táctil o del teclado», se refuta en Elogio del papel. «El problema que debe afrontar el colegio no es tener que adaptarse a nuevos tipos quiméricos de inteligencia, sino actuar de manera que la inteligencia y la cultura puedan florecer y desarrollarse en un contexto en el que la dispersión dificulta esa misión». Para Casati, «el libro y la escuela son dos elementos clave de la resistencia a la colonización digital, y ello es porque se sitúan en una zona todavía controvertida y disputada».


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