Elogio del libro de papel reflexiona sobre la función de los formatos en la transmisión de los textos. Las palabras posadas en las diversas superficies -libro, revista, periódico, grafitis, publicidad...- reciben de estos formatos un valor que no es despreciable. La igualación de todos los formatos en internet debe contrapesarse con el mantenimiento de las formas reales. La ciencia pertenece a los libros. Leer es ascender al monte de la abstracción desde el valle de la imagen.
Imagen: Vladimir Pustovit, CC

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viernes, 14 de noviembre de 2014

Lara Sánchez Roo en Blog Escola de Llibreria - Universitat de Barcelona




Elogio del libro de papel
Barnés Vázquez, Antonio. Elogio del libro de papel. Madrid: Rialp, 2014. 102 p. (Rialp; 268). ISBN 978-84-321-4368-7. 10 €. 
Como Virgilio guiando a Dante, el doctor Barnés acompaña al lector en la ascensión intelectual y emocional que supone encararse a las apariencias y cuestionar la legitimidad de las creencias que forman parte del imaginario colectivo de una sociedad. Con una prosa elegante y pausada, sencilla y certera, expone ideas evidentes pero complejas, que pasan desapercibidas cuando un cambio, una originalidad o una innovación captan nuestra atención y se convierten en un aliciente vital. 
Su obra Elogio del libro de papel es más que una oda a la «habitación de la palabra», como dice el autor, es una alabanza al lenguaje humano, es un reconocimiento y un reclamo al esfuerzo intelectual y a la imaginación, es una gratitud al creador y al sujeto pensante, es un ejemplo de respeto a la historia y a las culturas. Es, a mi juicio, una apología necesaria más que nunca al conocimiento que persigue la sabiduría y el progreso.
Adentrarse en su obra es formularse cuestiones constantes. ¿Los hábitos de consumo, que derivan en gran medida de la preponderancia digital y de su influencia directa en las relaciones interpersonales, pueden acabar relegando a individuos inconscientes e influenciables a una caverna platónica, donde se cree que la verdad está en la imagen que otros han elaborado? ¿El acceso rápido a la información masiva es un condicionante determinante de un mayor y más fácil acercamiento a la sabiduría y el progreso? Las respuestas parecen hallarse en, al menos, tres principios a tener en cuenta: la convivencia entre tradición e innovación, el enfoque y la actitud ante la tradición y el cambio, y la sabiduría como privilegio y dominio que implica conciencia, prudencia, respeto y responsabilidad.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Lilián Camacho en facebook

Comparto unas líneas de un libro apasionante escrito por un cervantista que es, a la vez, un Humanista, en el sentido clásico del término; se tratade un libro para disfrutar, para poseer: va una probadita para ver si alguien se anima a comprarlo:
"Para cuestionar, promero hay que saber. ¿Qué va a discutir el ignorante? Si cuestionar es "controvertir un punto dudoso, proponiendo las razones, pruebas y fundamentos de una y otra parte" corresponde al proceso de lectura. Pero si cuestionar es "poner en duda lo afirmado por alguien", conviene primero entenderlo, pensarlo y saborearlo, o sea, saber; de lo contrario, se disparará la crítica desde la ignorancia, desde un yo que aplasta compulsivamente a un él (el autor del texto).
Cuestionar, ¿desde qué marco? No se cuestiona desde el vacío. La nada no existe. El pensamiento no es neutro. Quien critica, sea consciente o no, lo hace desde un marco (Lakoff), desde una visión del mundo /.../ Leer es entender lo leído y responder al mensaje. La respuesta no tiene que ser, de inicio, una duda. Cuestionémonos primero a nosotros mismos"
¡Qué belleza! ¡Es un privilegio poder levantarme un domingo a leerlo!: Antonio Barnés Vázquez, Elogio del libro de papel, Madrid, Rialp, 2014.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

¿Qué será del libro en la era digital?



Una versión de este artículo se publicó en el servicio impreso 82/14

Más vale no decir “revolución digital” con respecto a los libros. No solo porque es una expresión manida; también porque en el caso del libro la cosa no es para tanto.
En la Feria de Fráncfort de hace tres años se dijo que en 2020 la mitad de las ventas de libros serían de títulos electrónicos en los países desarrollados. Antes, la directora del departamento digital de Simon & Schuster había adelantado el hito a 2010 para Estados Unidos, como recuerda The Economist (11-10-2014) en un especial sobre el futuro del libro. Ahora reconoce que el cambio está siendo mucho más lento. El año pasado, los libros digitales representaron el 29% de las ventas en Estados Unidos. Los otros países van aún más retrasados: 21% en Gran Bretaña, 13% en Japón, 4% en Alemania.
Los libros electrónicos no han empequeñecido el mercado, pero tampoco lo han hecho más grande en términos económicos. Solo en Estados Unidos hubo un descenso apreciable (–4%) de las ventas totales de2009 a2012: la causa fue que los libros digitales son más baratos; pero desde el año pasado su expansión aumenta la tarta. Además, son más rentables, de modo que las cinco grandes editoriales de Estados Unidos –menos Hachette– vieron subir sus márgenes de beneficios de2010 a2013.

El libro no se “desempaqueta”

Ya pocos predicen el fin del libro impreso o su reducción a producto marginal. ¿Qué tiene de peculiar, frente a otros productos que han acusado claramente el embate de Internet y la digitalización?
El libro impreso es “una tecnología realmente competitiva: es portátil, resistente, de alta resolución, y no se le acaba la batería” (Russell Grandinetti, de Amazon)

domingo, 2 de noviembre de 2014

Superficiales

Entrevista:EN PORTADA Diario El País

Un mundo distraído

La tercera parte de la población mundial ya es 'internauta'. La revolución digital crece veloz. Uno de sus grandes pensadores, Nicholas Carr, da claves de su existencia en el libro 'Superficiales. ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?' El experto advierte de que se "está erosionando la capacidad de controlar nuestros pensamientos y de pensar de forma autónoma".


El correo electrónico parpadea con un mensaje inquietante: "Twitter te echa de menos. ¿No tienes curiosidad por saber las muchas cosas que te estás perdiendo? ¡Vuelve!". Ocurre cuando uno deja de entrar asiduamente en la red social: es una anomalía, no cumplir con la norma no escrita de ser un voraz consumidor de twitters hace saltar las alarmas de la empresa, que en su intento por parecer más y más humana, como la mayoría de las herramientas que pueblan nuestra vida digital, nos habla con una cercanía y una calidez que solo puede o enamorarte o indignarte. Nicholas Carr se ríe al escuchar la preocupación de la periodista ante la llegada de este mensaje a su buzón de correo. "Yo no he parado de recibirlos desde el día que suspendí mis cuentas en Facebook y Twitter. No me salí de estas redes sociales porque no me interesen. Al contrario, creo que son muy prácticas, incluso fascinantes, pero precisamente porque su esencia son los micromensajes lanzados sin pausa, su capacidad de distracción es enorme". Y esa distracción constante a la que nos somete nuestra existencia digital, y que según Carr es inherente a las nuevas tecnologías, es sobre la que este autor que fue director del Harvard Business Review y que escribe sobre tecnología desde hace casi dos décadas nos alerta en su tercer libro, Superficiales. ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? (Taurus).

"Aún no somos conscientes de todos los cambios que van a ocurrir cuando realmente el libro electrónico sustituya al libro"
Cuando Carr (1959) se percató, hace unos años, de que su capacidad de concentración había disminuido, de que leer artículos largos y libros se había convertido en una ardua tarea precisamente para alguien licenciado en Literatura que se había dejado mecer toda su vida por ella, comenzó a preguntarse si la causa no sería precisamente su entrega diaria a las multitareas digitales: pasar muchas horas frente a la computadora, saltando sin cesar de uno a otro programa, de una página de Internet a otra, mientras hablamos por Skype, contestamos a un correo electrónico y ponemos un link en Facebook. Su búsqueda de respuestas le llevó a escribir Superficiales... (antes publicó los polémicos El gran interruptor. El mundo en red, de Edison a Google y Las tecnologías de la información. ¿Son realmente una ventaja competitiva?), "una oda al tipo de pensamiento que encarna el libro y una llamada de atención respecto a lo que está en juego: el pensamiento lineal, profundo, que incita al pensamiento creativo y que no necesariamente tiene un fin utilitario. La multitarea, instigada por el uso de Internet, nos aleja de formas de pensamiento que requieren reflexión y contemplación, nos convierte en seres más eficientes procesando información pero menos capaces para profundizar en esa información y al hacerlo no solo nos deshumanizan un poco sino que nos uniformizan". Apoyándose en múltiples estudios científicos que avalan su teoría y remontándose a la célebre frase de Marshall McLuhan "el medio es el mensaje", Carr ahonda en cómo las tecnologías han ido transformando las formas de pensamiento de la sociedad: la creación de la cartografía, del reloj y la más definitiva, la imprenta. Ahora, más de quinientos años después, le ha llegado el turno al efecto Internet.



Pero no hay que equivocarse: Carr no defiende el conservadurismo cultural. Él mismo es un usuario compulsivo de la web y prueba de ello es que no puede evitar despertar a su ordenador durante una breve pausa en la entrevista. Descubierto in fraganti por la periodista, esboza una tímida sonrisa, "¡lo confieso, me has cazado!". Su oficina está en su residencia, una casa sobre las Montañas Rocosas, en las afueras de Boulder (Colorado), rodeada de pinares y silencio, con ciervos que atraviesan las sinuosas carreteras y la portentosa naturaleza estadounidense como principal acompañante.
PREGUNTA. Su libro ha levantado críticas entre periodistas como Nick Bilton, responsable del blog de tecnología Bits de The New York Times, quien defiende que es mucho más natural para el ser humano diversificar la atención que concentrarla en una sola cosa.
RESPUESTA. Más primitivo o más natural no significa mejor. Leer libros probablemente sea menos natural, pero ¿por qué va a ser peor? Hemos tenido que entrenarnos para conseguirlo, pero a cambio alcanzamos una valiosa capacidad de utilización de nuestra mente que no existía cuando teníamos que estar constantemente alerta ante el exterior muchos siglos atrás. Quizás no debamos volver a ese estado primitivo si eso nos hace perder formas de pensamiento más profundo.


sábado, 1 de noviembre de 2014

crítica en librosensayo.com

*Una reseña de Conchi Sirvent
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Recoge Antonio Barnes (Sevilla, 1967) en este libro “Elogio del libro en papel” que Bill Gates afirmó una vez que “nuestra futura sociedad sin papel será una sociedad sin historia, ya que todo en la red es instantáneo” creo que en este sentido hay muchas personas todavía “revolucionadas” por la Red que piensan o estarían de acuerdo con él. Sin embrago, la lectura de Elogio el libro en papel sumerge al lector en un remanso de paz y serenidad lejos de esta “inmediatez” de la era de Internet.
A pesar de las palabras de Bill Gates creo que todavía la historia del hombre tiene sus posibilidades, como sugiere Barnés, lo que hay que hacer con Internet es “pensar esta revolución y gobernarla”.
Lo que produce la lectura sosegada de un libro en papel no lo produce la lectura en cualquier dispositivo electrónico; cada uno me parece que está para llenar un espacio de ocio y si se quiere de formación de la persona. Creo que no afirmo en vano que igual que hay libros para cada estado emocional en el que nos encontremos hay un formato para cada ocasión. No es lo mismo ir en un metro atestado de gente y querer “leer” un rato, pongamos por caso, que estar delante de un mar inmenso y tener unas horas para “leer”. Probablemente del segundo caso saquemos más pensamientos reflexivos que del primero. Parafraseando el libro, no sólo somos “homo habilis” creadores de destrezas sino también y, al mismo tiempo, somos “homo sapiens”, destinados a pensar, reflexionar, adquirir conocimientos, sacar experiencias…
Un libro es un motivo de gozo para algunas personas, las tapas, las guardas, el tipo de letra, el índice, los capítulos estipulados por el autor y los que yo como lectora voy haciendo con el consabido mensaje de “aquí interrumpí mi lectura”, Barnés nos dice “lo digital iguala lo desigual; el libro especifica lo diverso”. No hay libro igual a otro, no hay lectores iguales aunque leamos el mismo libro.
La idea que uno puede sacar de la lectura de Elogio del libro en papel es tal vez una lucha desmedida entre David –el papel- y Goliat –lo digital- pero sin duda aportan (y no poco) al universo más cercano que tenemos en nosotros mismos, ser más hombres y mujeres “sapiens”


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