Elogio del libro de papel reflexiona sobre la función de los formatos en la transmisión de los textos. Las palabras posadas en las diversas superficies -libro, revista, periódico, grafitis, publicidad...- reciben de estos formatos un valor que no es despreciable. La igualación de todos los formatos en internet debe contrapesarse con el mantenimiento de las formas reales. La ciencia pertenece a los libros. Leer es ascender al monte de la abstracción desde el valle de la imagen.
Imagen: Vladimir Pustovit, CC

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lunes, 21 de diciembre de 2015

Evgeny Morozov: “Los datos son una de las más preciadas mercancías”

El País

En su nuevo libro, ‘La locura del solucionismo tecnológico’ (Clave Intelectual, 2015), el intelectual bielorruso carga contra los peligros de Internet y el discurso tecnoutópico

Evgeny Morozov
El intelectual bielorruso Evgeny Morozov. / EVAN PANTIEL

Hubo un tiempo en que Evgeny Morozov creyó en la revolución digital. Confió en el poder emancipador de la Red, en la abolición de las viejas jerarquías, en la emergencia de un paraíso horizontal más justo, en unas nuevas tecnologías capaces de alumbrar un mundo mejor. Le duró poco la fiebre. Fue a mediados de la década de los años 2000, en los días en que vio cómo los blogs y los mensajes de texto espoleaban la revolución naranja de Ucrania y el ­crowdfunding avivaba la campaña del candidato demócrata norteamericano Howard Dean. Poco tardó en darse cuenta de que las nuevas herramientas tecnológicas también podían ser usadas por los Gobiernos para vigilar, generar propaganda y manipular la conversación en las redes. Fruto de estas reflexiones fue El desengaño de Internet (Destino, 2012), libro en el que se mostraba escéptico sobre la capacidad de las redes de ser instrumento de cambio político. Un escepticismo que se expande en su nuevo libro, La locura del solucionismo ­tecnológico (Clave Intelectual, 2015).

domingo, 20 de diciembre de 2015

Manguel sigue la estela de Borges en la Biblioteca Nacional de Argentina

El País

El escritor es nombrado director del centro, cargo que ejerció su maestro, el autor de ‘El Aleph’


Alberto Manguel en un imagen de 2013 en Francia. / ULF ANDERSEN (GETTY IMAGES)

Una de las personas que más sabe de la historia del libro y de la lectura ha tardado 64 años en ver realizado el sueño que no sabía que tenía: dirigir la Biblioteca Nacional de la República Argentina, una de las más importantes y míticas de Latinoamérica. Él es Alberto Manguel. Será el responsable de impulsar hacia el futuro esa biblioteca de 205 años bajo una pirotecnia de desafíos:
- Convivencia de lo analógico y lo digital: “Ningún progreso puede hacerse por exclusión”.
- Acceso de todo el mundo: “La biblioteca digital es importante para un país tan grande como Argentina donde no todos pueden acercarse al libro físico”.
- Mejorar la comprensión de lectura: “Uno de los problemas de los bibliotecarios es que los nuevos lectores no saben leer competentemente. Por eso hay que insistir en un fomento de la lectura más personal y responsable”.
- Nuevas formas de lenguaje: “Quiero incorporar, por ejemplo, el cómic. No quiero descartar ninguna forma de leer un texto, una narrativa”.
- Red en español: “Fortalecer y crear lazos entre la Biblioteca Nacional de Argentina y otras de América Latina y España para intercambiar experiencias”.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Las máquinas no pueden con los trabajos "de pensar"

Fuente: El Español

Los aparatos son cada vez más capaces de llevar a cabo tareas humanas, pero en las labores creativas es difícil reemplazar la mano del hombre. 

Fotograma de la película 'Tiempos Modernos', de Chaplin.
Fotograma de la película 'Tiempos Modernos', de Chaplin. Wikipedia

jueves, 3 de diciembre de 2015

El mundo sería una trastienda del infierno si no hubiera libros

para el verdadero bibliófilo (que no se confunde nunca con el falso, el pseudo-bibliófilo, el coleccionador que sólo busca y colecciona por el gusto de atesorar, que en medio de su espléndida biblioteca se parece al eunuco entre las odaliscas de un haren; el mercachifle literario que adquiere para revender y lucrar; el tonto, pues de todo hay, que tiene libros por aparecer discreto); para el bibliófilo auténtico, para el amateur pur-sang, como dicen [p. 407] los franceses, el hallazgo de un libro raro o de un manuscrito curioso es superior a cuantos juguetes y brillantes señuelos se han inventado para entretener y atraer y fascinar las miradas de esa caterva de niños grandes que se agita y afana en este pícaro mundo; el que, dicho sea de paso, sería una trastienda del infierno, si no hubiera libros.

Alfredo Adolfo Camús